El gourmand es la persona que disfruta comer. Para él, es una delicia cada plato que le presentan: lo quiere saborear, lo quiere probar. Pero, a diferencia de la persona gourmet, el gourmand, como lo dice su traducción al español, es “goloso”. Por lo tanto, disfruta el comer todo lo que se le ponga a su paso, hasta el punto en que no se sacia.
A veces somos espiritualmente gourmand: tratamos de buscar en la vida muchas cosas que nos puedan saciar. Pensamos que lo material nos puede hacer sentir realizados y completos. Creemos que el tener lo que otros tienen nos podría llenar. Quizás eres de aquellos que piensan que viajar sería tu sueño, recorrer el mundo y permanecer en los aeropuertos (lo cual no es malo), te haría sentir realizad@. Tal vez eres de los que creen que teniendo cosas, ropa de marca, accesorios, gadgets tecnológicos (como a mí me gustan), vas a ser una persona completa. Pero incluso al tener lo que quieres o comprar lo que anhelas, te darás cuenta de que nada de esto te sacia.
Podrías conocer otros países, ciudades, estar en los mejores restaurantes, tener ropa de marca y muchas cosas que la vida ofrece, pero sucederá lo mismo que con el goloso: nunca te llenarás y siempre querrás algo más. Ya tienes algo, ya probaste algo… y luego seguirás queriendo más. Es por esto que la Biblia enseña:
“…el mundo solo ofrece un intenso deseo por el placer físico, un deseo insaciable por todo lo que vemos, y el orgullo de nuestros logros y posesiones. Nada de eso proviene del Padre, sino que viene del mundo.”
— 1 Juan 2:16
Por esta razón, siempre vamos a querer más y nunca nos vamos a saciar. Dice el proverbio que el deseo del hombre es como el abismo insaciable (Pr. 27:20), porque nada de lo que el mundo ofrezca nos podrá llenar, completar o satisfacer.
Pero sí hay un deleite, sí hay un disfrute que puede completarnos, que puede llenarnos a tal punto que el resto de las cosas nos sobren: nuestra relación con Dios, lo que llamamos la presencia de Dios. Busca conocer a Dios por una experiencia propia y personal, y cuando lo pruebes, sabrás que no hay exquisitez más grande en el mundo sino solo Él. Aprenderás a diferenciar lo que realmente te llena de lo que no.
Cuando te acercas a Dios de esta manera y lo pruebas, aprenderás a decirle a muchas cosas que ofrece el mundo:
¡No, no me llenas!
¡No me impresionas!
¡No eres suficiente!
¡No te necesito!
Y podremos recitar las palabras del apóstol Pablo en Gálatas 6:14:
“…el mundo ha muerto para mí y yo he muerto para el mundo.”
Al final, el gourmand solo busca conseguir placer en toda comida que se le atraviese por delante y trata de disfrutarla. El gourmet, en cambio, sabe escoger, sabe apreciar. Creo que deberíamos, tú y yo, vivir una vida gourmet y cuidarnos de convertirnos en golosos del mundo, tratando de probar todo lo que ofrece y que al final no nos va a ayudar, sino que nos puede herir o incluso matar.
No está mal desear, soñar o tener cosas; lo que no debe ocurrir es que la ausencia de todo esto te impida ser agradecido o te convierta en una persona amargada.
Prueba estar con Cristo y, si ya lo estás haciendo, sigue experimentando. Que tu espíritu aprenda a vivir de una manera muy refinada y especial, rechazando lo dañino y aprobando lo que viene del Padre.




