Fuerte, pero no de acero

Fuerte, pero no de acero

Cuando entro en la presencia de Dios, el ruido del mundo se desvanece. Solo se escucha el eco de mis oraciones que ascienden, como un susurro que se mezcla con el silencio de mi alma. En esos momentos comprendo que adorar no es hablar mucho ni con palabras demasiado...