Cuando suena la alarma, lo primero que muchos pensamos es: “solo 5 minuticos más”. Creemos que no pasará nada si posponemos un ratico, pero ese pequeño retraso puede cambiar el rumbo de toda nuestra mañana.
Así también pasa con la lectura de la Palabra de Dios. Decimos: “luego lo hago, más tarde leo”, y esos “5 minuticos” se vuelven horas, días, incluso semanas. Y mientras tanto, el alma queda con hambre y se debilita conforme pasa el tiempo.
La Biblia no es un peso que cargamos, es el pan que nos sostiene y fortalece. Igual que nadie diría: “luego como, no me hace falta”, tampoco deberíamos dejar para después el alimento espiritual. Cada versículo es como un sorbo de agua en medio del desierto: sencillo, pero muy vital.
Cada vez que nos sentamos a leer la Palabra de Dios tenemos un enorme privilegio: el creador de este manual de vida está sentado a nuestro lado, nos enseña, capacita y nos revela enteramente su corazón.
La disciplina de leer las Escrituras no es algo que hacemos para llenar nuestra lista de pendientes del día, sino para escuchar la voz de quien sabe lo que necesitamos antes de que lo pidamos, de aquel que nos habla con tal dulzura que nuestro corazón es quien escucha y sana a la vez que late y se fortalece.
Que ahora esos “5 minuticos más” no sean más un tiempo perdido, sino que sean una puerta que dejamos abierta para que Dios no se quede en un rincón de la agenda, sino que camine con nosotros en cada tarea, cada decisión y cada respiro. Lo que empieza en unos minutos de lectura y oración se convierte en una plena conversación que dura todo el día.



5 minutos más con la palabra De Dios
Dediquemos 5 minutos más a nuestras charlas con Dios ❤️🔥