Saludo diariamente a muchas personas, muchos trabajadores. Al preguntarles cómo están o cómo va su día, generalmente hay una queja: «No tan bien», «¡Estamos liados!», «¡No tan bien como tú!», «Aquí estoy, que es lo importante».
Y pareciera que cada saludo refleja más un malestar que un bienestar. Creo que es el común denominador de muchas personas que, por alguna razón, les cuesta reconocer lo bueno que tienen alrededor de ellos, como un empleo, una familia, salud, capacidades. Nos cuesta reconocer que estamos bien o, quizá peor aún, nos da miedo reconocer que realmente estamos bien y nos sentimos incómodos al decirle a los demás que estamos tranquilos.
No somos millonarios, pero comemos, vestimos, paseamos. Hay una que otra deuda, pero podemos cumplir algunos antojos. Algunos, quizás, intentan esconder su bienestar o su tranquilidad respondiendo con palabras como: «En la lucha», «Ahí vamos», «No tan bien como tú», «Como cuando tú eras pobre», ja, ja, ja… Son frases que usamos para esconder que estamos bien. Quizá nos da miedo saber que la otra persona no está bien y no sabemos cómo ayudar, o quizá miedo a que nos pidan ayuda.
Otra posible razón es que a veces nos sentimos culpables por estar algo mejor que los demás o algo más estables que los demás, y preferimos esconder o preferimos dar una apariencia de inestabilidad para tratar de no sentirnos culpables. Pero estar bien no es pecado. No será perfecta tu situación, pero estás bien, y no es algo para esconderlo o disimularlo.
Es por esta razón que debemos ofrecer verdad y autenticidad. Si tienes la oportunidad de estar bien —económicamente, emocionalmente, familiarmente o espiritualmente— reconócelo y disfrútalo. Que esa estabilidad te permita ayudar o, al menos, animar a los demás.
Todos pasamos por temporadas difíciles y todos pasaremos temporadas geniales. Disfrútala.
Si saludas a alguien que atraviesa dificultad, o eres tú quien lo vive, no significa que se quedarán allí para siempre. Por lo tanto, no debemos sentirnos culpables por el momento difícil de la otra persona. Lo que sí podemos hacer es animarles y darles esperanza. Algo como: «Todo va a estar bien», «Esto será breve», o «Yo también estuve así y salí de allí», etc.
Disfruta y vive tu mejor temporada. Resiste la peor temporada y no dejes de caminar en la fe en todas las temporadas de tu vida.
“Por eso, aunque tengamos toda clase de problemas, no estamos derrotados.
Aunque tengamos muchas preocupaciones, no nos damos por vencidos.
Aunque nos persigan, Dios no nos abandona.
Aunque nos derriben, no nos destruyen.”
— 2 Corintios 4:8-9




