Día de
ayuno
Saltarte una comida no te va a matar. Pero te va a recordar quién manda sobre tus impulsos. Hoy, espiritual y físico se cruzan.
«El hambre es un buen maestro. Te enseña que sí puedes esperar.»
Sáltate una comida hoy (almuerzo o cena). El tiempo que normalmente pasarías comiendo, lo dedicas a leer la Biblia y orar.
Si tienes una condición de salud que no te lo permite, sustituye por ayuno digital: 4 horas sin pantallas. Mismo principio.
Día de ayuno = día de bajo impacto físico. 20 minutos de caminata rápida. Nada más.
Cuida tu cuerpo. No es flojera, es estrategia.
Repite la práctica del día 10: cuando te equivoques, reconócelo apenas lo cometas. No al rato. Ya.
El día 10 fue para empezar. El día 11 es para que no se te olvide.
Llama o visita a un mentor o un hombre mayor que respetes. Pídele 30 minutos para hablar de algo que tienes pendiente: una decisión, un miedo, un proyecto.
Si no tienes mentor, este es el día para empezar a buscar uno.
El hambre que sentiste hoy
es la prueba de que sí tienes dominio propio.





¿Qué descubriste sobre ti al intentar saltarte una comida?