La
Final
Llegaste a la última jornada. Hoy te paras a solas con Dios, revisas todo lo que pasó en estos 29 días, y piensas en otro hombre que necesita lo mismo que tú viviste.
«Llegar a la final no es el premio. El premio es haberte convertido en el hombre que llega.»
Hoy te tomas un espacio a solas con Dios. No 10 minutos: una hora mínimo. Sin celular, sin distracciones, sin ruido.
Habla con Él. Escúchalo. Agradece por estos 29 días. Pregúntale qué sigue. Lo que viene después del reto, se decide hoy.
Caminata de 20 minutos. Ligera. Tu cuerpo descansa para mañana, pero no se queda quieto.
Usa la caminata para pensar: ¿en qué eres distinto al hombre que arrancó el día 1?
Hoy evalúa cómo te ha ido en el reto. Sé honesto: ¿qué hiciste con disciplina? ¿qué hiciste a medias? ¿qué te transformó? ¿qué te costó más?
Y la pregunta final: ¿lo volverías a hacer? Si la respuesta es sí, ya no es un reto: es tu nueva forma de vivir.
Piensa en un amigo que pueda hacer este reto. Uno que tú sabes que lo necesita. Uno que está donde tú estabas hace 29 días.
Anota su nombre. Mañana, cuando termines, le vas a contar lo que viviste y le vas a pasar el link. Lo que recibiste, lo das.
Mañana cierras lo que empezaste hace 29 días.
Lo que viene no es el final: es el inicio del verdadero reto.





¿En qué eres distinto al hombre que arrancó el día 1? Tu respuesta es el verdadero trofeo.