En la reciente riada del pasado 30 de octubre en la comunidad valenciana de España, tuvimos un primer acercamiento con una de las centenares de familias afectadas quienes quedaron en la ruina, pues sus pertenencias quedaron literalmente tapadas en lodo y las perdieron en su totalidad.
Cuando llegaron las primeras ayudas y mercados que enviamos como iglesia lo agradecieron y recibieron con mucha emoción, pues suponía tendrían los siguientes días con comida y la esperanza de recuperar sustancialmente lo perdido.
Pero lo que más enterneció el corazón de aquel hombre entrado en años en la familia y cansado fueron las manos que le ayudaron a sacar el barro de su casa, lo que más llegó a su corazón, en sus propias palabras fue el que hayan ido a su casa a ayudarle a limpiar, a hacer fuerza con él y quitar algunos despojos, aunque los víveres y lo material eran imprescindibles y satisfactorios lo que le dio impulso a su alma, descanso en el cuerpo y una sonrisa esperanzadora era la presencia de un par de jóvenes que se desplazaron 100klm por carretera hasta ellos en una mañana de descanso laboral, no solo para llevar unas ayudas si no también para ofrecer su ayuda, ofrecer sus manos para empujar, Sus pies para llevar y traer, ofrecer sus fuerzas para acabarla junto a ellos, ofrecer la mejor actitud para que sepan que no estaban solos, ofrecieron su sola presencia para reír , llorar o cansarse pero juntos.
Solemos pensar que OFRECEMOS LO MEJOR solo cuando lo que ofrecemos se puede cuantificar, aquello, lo calificamos como “mejor” cuanto lo podemos contar por su valor en el mercado o por la cantidad que demos y esto me hace recordar aquel evento en Hch 3:6-8
Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.
Pedro y Juan no podían ofrecer dinero ni tampoco oro ni muletas o un mercado al hombre lisiado, quizá la túnica que llevaban pudieron dársela o buscarle algo de comer pero entendieron en el momento que lo mejor que podían ofrecer era lo que ellos son como personas, hombres con una confianza inquebrantable en Jesucristo, hombres con una confianza enorme en las palabras de Jesús, hombres que lo mejor que podían ofrecer era su fe en Jesús para creer por este lisiado y levantarlo en el nombre de Jesús.
¿Que es lo mejor que tienes para ofrecer?
Tu mismo. Tu sola presencia llevando esa fe en Jesús a cualquier lugar es lo mejor que puedes ofrecer. Cuida tus palabras, cuida tu conducta, fortalece tu fe en el Señor y donde estés y con quien estés estarás ofreciendo amor, paz esperanza, alegría que es lo que hay en ti. Verán a Jesús en tu vida.
Siempre estás ofreciendo algo, puede ser una mala actitud, queja, odio o rencor o puedes ofrecer todo lo contrario, fe esperanza, confianza, empatía, ayuda, etc. Aunque no tengas “plata ni oro” ofrece lo mejor de ti, ofrece a Jesús en tu vida donde tú estés los liciados emocionales, mentales o espirituales debe levantarse. Llénate de Jesús y él se mostrará a través de ti.





La Iglesia Presente, más que una tarea es nuestra esencia!
Buen artículo!
Que hermoso…. Ayudar a otros en el momento que más lo necesitan eso es representar a Jesús y mostrarlo a otros …..así también ofrecemos lo mejor a los demás…..
Esto hace parte del Adora, Cuando amo a las personas y aun mas en este tipo de situaciones es donde mas debo dar de lo que tengo de Jesús en nuestra vida. Ofreciendo lo mejor a pesar de que lo que tengo para muchos no sea nada.
Es maravilloso pode ver el amor de Jesús en acción al ofrecer lo mejor al mismo tiempo representar a Aquel que nos llamó!!
De ustedes he aprendido mucho: su dedicación, su forma de servir a los demás y la manera en que trabajan unidos para lograr grandes cosas me inspira profundamente. Gracias a su ejemplo, siento un verdadero deseo de involucrarme y contribuir a proyectos que apoyen nuestra gente en estas situaciones , que hagan una diferencia. La entrega y el compromiso que veo en cada uno de ustedes son un recordatorio de que, trabajando juntos, podemos alcanzar cualquier meta.