En algún momento de nuestra vida todos hemos llegado a sentir temor. Las razones son muchas; lo cierto es que es un sentimiento ansioso, perturbador e intranquilo. Cuando tenemos o sentimos temor damos por sentado que algo malo, o al menos desagradable, llegará a nuestra vida.
Ese sentimiento, que pareciera que fuesen muchos sentimientos negativos y los condensaran en uno solo, nos estanca, nos hace escondernos, nos lleva a cometer errores. No nos permite sentirnos libres; por el contrario, nos encapsula, nos aísla y, como un imán, atrae otro tipo de sentimientos dañinos: la envidia, el egoísmo, el rencor, el dolor que, a largo plazo, se va convirtiendo en una bola de nieve que crece y crece hasta que perdemos el control.
¿Cómo hacemos para combatir el temor?
Ya sabes qué es el miedo porque en algún momento lo has sentido, pero quiero decirte que cuando llega el temor a nuestras vidas es porque ya han nacido pensamientos infundados por las circunstancias.
Si vamos a presentar un examen médico hay ansiedad, y las circunstancias alrededor nos dicen que ese examen puede tener como resultado algo negativo; esa posibilidad negativa despierta en nosotros un miedo. O quizás hablar en público. Damos por hecho que el público no va a reaccionar con agrado o al menos como nosotros queremos, e inmediatamente se produce un temor ante ese pensamiento negativo.
Es decir, siempre que haya temor en nuestras vidas es porque, con antelación, hay un pensamiento negativo, o hay una probabilidad negativa en la que tendemos a creer más de la que queremos enfrentar, y ese sentimiento de no enfrentar se llama temor.
Pero aquí quiero recomendarte: es importante enfrentar esos miedos con gente que te ame, gente que esté a tu alrededor para ayudarte. Muchas veces esas personas son tu propia familia, tus padres, tus hijos o tu cónyuge. Y si alguno de ellos falla como primer círculo, está tu iglesia; está la gente que ama a Jesús.
Enfrentar nuestros miedos con personas que aman a Jesús aumenta la posibilidad de que también nos amen a nosotros y de que podamos enfrentar muchos de esos temores. Por otra parte, necesitamos amar a las personas y necesitamos tener ese mejor trato; ese amor que les permitirá enfrentar sus temores. Como no enfrentar aquello que nos duele cuando tenemos alguien que no nos señala, que no se burla, que nos comprende. Es por esto que la Biblia enseña que el perfecto amor echa fuera el temor.
“En esa clase de amor no hay temor, porque el amor perfecto expulsa todo temor. Si tenemos miedo es por temor al castigo, y esto muestra que no hemos experimentado plenamente el perfecto amor de Dios.” — 1 Juan 4:18 (NTV)
El temor puede nacer de pensamientos negativos y posibilidades que creemos más de lo que sabemos. Pero el amor perfecto de Dios no solo nos acepta, sino que tiene el poder de disipar ese miedo. Cuando permites que su amor te alcance de verdad, aprendes a vivir con valentía, tranquilidad y esperanza.
“En esa clase de amor no hay temor…” — 1 Juan 4:18. Que esa verdad gobierne tu corazón hoy.





Excelente Artículo Sergio. Gracias!!