Sé padre
presente
Hoy entrenas la lengua y la presencia. Ninguna de las dos parecen importantes hasta que entiendes que las dos rompen o construyen un hogar.
«Tu hijo no recordará el modelo de tu carro. Recordará si jugaste con él cuando tenía 7 años.»
«Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor». Léelo varias veces.
Después haz una oración específica por cada uno de tus hijos por nombre. Si no tienes hijos, ora por los hijos que vendrán o por los niños que tienes cerca.
20 minutos de trote. No carrera. Trote sostenido. Si te toca caminar 1 minuto y trotar 4, hazlo así.
Lo importante es no parar.
Hoy no hablas mal de nadie. Ni del compañero del trabajo. Ni del vecino. Ni del político. Ni del pastor. Ni del cuñado.
Y como cambio: habla bien de alguien. Sin que sea su cumpleaños. Sin que se haya muerto. Solo porque sí.
20 minutos jugando con tus hijos (o sobrinos). Sin teléfono. Sin distracción. Lo que ellos quieran jugar — no lo que tú prefieras.
Si juegan a algo aburrido para ti, ese es el punto. Estás ahí por ellos, no por ti.
20 minutos de juego pesan más que 2 horas de discurso.





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