Cierras
cuartos
Tres semanas. Te quedan solo 9 días. Hoy ayunas de algo que te domina sin que lo notes, sales a respirar, y le escribes a tus hijos lo que nunca les dices.
«Tus hijos guardarán esa carta más tiempo del que guardarán cualquier cosa que les compres.»
Escoge una red social (Facebook, Instagram, TikTok) y ayuna de ella HOY. No la abres. Ni una vez. Ni «solo para ver algo rápido».
El tiempo que ganes, dáselo a Dios o a tu familia. Vas a darte cuenta de cuántas veces tu mano busca el celular en automático.
Hoy caminata en la naturaleza. Un parque, un cerro, un sendero, un río. Donde haya verde y aire. Puede ser acompañado.
No es una rutina de gimnasio: es reconectar tu cuerpo con algo más grande. Camina sin afán, respira hondo, mira lejos.
Durante la caminata o al final del día, medita en tu propósito de vida. La pregunta cruda: «¿Para qué estoy aquí?»
No tienes que resolverlo hoy. Pero sí tienes que dejar de huirle a la pregunta. El hombre sin propósito termina viviendo el de otros.
Hoy escribes una carta o nota especial a tus hijos. A mano, mejor. Diles lo que sientes y casi nunca dices: lo orgulloso que estás, lo que ves en ellos, lo que deseas para su vida.
Si no tienes hijos, escríbele a un sobrino, ahijado, o al hijo que esperas tener algún día. Las palabras quedan; los regalos se olvidan.
Tres semanas adentro. Te quedan 9 días.
Vamos por la última. Retroceder nunca, rendirse jamás.





3 semanas adentro. ¿Qué le dirías al hombre que apenas va en el día 1?