Soy una mujersensible
¿Sensible o insensible? · Marcos 5:25-26
Entre la multitud había una mujer que llevaba doce años con una hemorragia que no se detenía. Había sufrido mucho con varios médicos y, con el paso de los años, había gastado en ellos todo lo que tenía; pero en lugar de mejorar, iba de mal en peor.
Sensible
El dolor prolongado tiene un riesgo silencioso: puede volvernos duras. Cuando algo nos hiere durante mucho tiempo, es fácil cerrar el corazón para no sufrir más. Pero esta mujer, tras doce años de enfermedad, desgaste y rechazo, seguía siendo sensible: su corazón no se endureció, y por eso pudo reconocer su necesidad y dejarse sanar.
¿Te sientes gastada?
Gastó todo lo que tenía y, lejos de mejorar, empeoró. Quizá tú también te sientes agotada y sin recursos de tanto intentar. Pero los doce años no son casualidad: ese número habla de algo completo en el plan de Dios. Tu sufrimiento no será en vano.
El dolor endurece
El dolor grande nos vuelve duras y difíciles, como un escudo para no sentir más. Ella eligió lo contrario: a pesar del dolor, el cansancio y el rechazo, mantuvo su corazón sensible y abierto.
No te quedes con tu paquete de dolor
Si Jesús está a tu lado, tienes la oportunidad de sanar; no la dejes pasar. Hoy la pregunta es directa: ¿seguirás insensible, cargando el mismo dolor de siempre, o abrirás tu corazón para dejarte sanar?
¿Sensible o insensible?
El dolor de tantos años puso a prueba su corazón y, aun así, no se endureció. Hoy revisa el tuyo:
- ¿El dolor te ha vuelto dura?
- ¿Te sientes “gastada”?
- ¿Qué “paquete de dolor” sigues cargando?
Ser sensible no es ser débil: es mantener el corazón abierto a Dios incluso cuando duele. Justo ahí empieza la sanidad.
Da el paso
Reconoce una forma en que el dolor te ha endurecido —con Dios, contigo misma o con alguien— y da hoy un paso para ablandar el corazón: una oración sincera, una conversación pendiente, o simplemente permitirte sentir en lugar de bloquear. Anota qué “paquete de dolor” quieres soltar esta semana.
«El dolor puede endurecerte o ablandarte. Hoy elige seguir sensible: con el corazón abierto, Jesús puede sanarte.»— Soy una mujer sana · Día 1: Sensible
Señor, no dejes que mi corazón se endurezca
Padre, después de tanto dolor es fácil volverme dura para no sufrir más. Pero hoy no quiero perder mi sensibilidad contigo. Abro otra vez mi corazón, con todo lo que cargo, y te dejo entrar. Confío en que mi sufrimiento no será en vano. En el nombre de Jesús, amén.
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