Cada inicio de año viene con metas nuevas…
pero también con cansancio viejo.
Prometemos cambiar, avanzar y hacerlo mejor,
pero muchas veces lo único que hacemos es sobrevivir:
un día más, una semana más, un año más.
Dios no nos creó para aguantar la vida.
Nos creó para vivirla con propósito.
Un nuevo año no es solo una fecha
o un cambio de calendario.
Es una oportunidad para empezar de nuevo.
Noé es un personaje bíblico muy conocido por sobrevivir a una gran inundación, la cual, destruyó la humanidad.
Sin embargo Noé no fue salvado sólo para sobrevivir al diluvio.
Dios lo salvó para comenzar de nuevo.
Y de la misma forma, Dios no te trajo hasta aquí
para que sobrevivas este año,
sino para que lo vivas mejor que el anterior.
La pregunta no es qué día empieza el año.
La pregunta es cómo lo empiezas.
Cuando el pasado se vuelve refugio
Después del diluvio, Dios le dijo a Noé:
“Sal del arca.”
El arca fue necesaria…
pero no permanente.
Muchas veces Dios ya abrió lo nuevo,
pero nosotros seguimos aferrados a lo viejo:
- Miedos
- Hábitos
- Heridas
- Etapas que ya terminaron
No puedes vivir lo nuevo de Dios
si sigues refugiándote en el pasado.
Pon a Dios primero (no después)
Lo primero que Noé hizo al pisar tierra firme
no fue construir una casa.
Construyó un altar.
Antes del plan, oró.
Antes del trabajo, adoró.
Antes del futuro, puso a Dios primero.
El orden correcto lo cambia todo.
Cuando Dios es primero,
el resto se acomoda.
Vivir con propósito y responsabilidad, no en automático
Dios bendijo a Noé…
y luego Noé comenzó a trabajar.
La fe no es pasiva.
Dios bendice,
pero espera responsabilidad.
Este año no camines en automático.
Camina con intención.
Camina con propósito.
Camina con Dios.
El problema no es empezar un nuevo año.
El problema es empezarlo sin Dios.
Hoy Dios te dice:
- Suelta lo que ya terminó
- Ponlo a Él en primer lugar
- Vive con propósito y. responsabilidad
Este año no es para sobrevivir.
Es para vivir.


