Amar a las personas no tiene que ver con cuánto feeling tengas con alguien, sino con cuán conectado estás con Dios.
Seamos honestos: las personas, a veces, abruman y desgastan. ¡Sí, aunque suene feo! Todos, en algún momento, nos volvemos un peso difícil de llevar para alguien más. Y cuando estamos cargados emocional o mentalmente, lo último que queremos es lidiar con las emociones ajenas.
Estas semanas, por ejemplo, han sido muy pesadas para mí. He tenido muchas cosas dando vueltas en la cabeza y me he sentido saturada. Cuando esto me sucede, experimento un agotamiento total —mental, físico y emocional—.
En mi trabajo, siempre nos reunimos en equipo antes y después de las labores para revisar cómo estamos, ver la agenda y organizarnos. En uno de esos check-in, durante estos días, dije con sinceridad que me sentía agotada y que solo quería dormir (jajaja).
Eso, al parecer, generó confianza, y una compañera del equipo se puso a llorar. Entonces, mi reacción —que no es la usual— fue abrazarla, y ella se aferró con mucha necesidad.
No somos cercanas, no compartimos mucho juntas; sin embargo, sentí su dolor y reaccioné a él, procurando generarle un poco de consuelo.
Creo que de eso se trata amar a las personas: de poder sentir sus necesidades y reaccionar a ellas.
Mi personalidad, mi naturaleza, no es cariñosa ni amorosa. Sin embargo, el fruto del Espíritu Santo sí lo es: amor, bondad, gentileza…
Así que, si estoy conectada con Dios, estaré llena de su presencia; por tanto, su Espíritu me hará sensible a las necesidades de otros, me guiará sobre cómo reaccionar y en qué momento.
No podemos amar genuinamente si no estamos conectados con Dios.
Es esa conexión la que transforma nuestro corazón y renueva nuestra perspectiva. Cuando permanecemos en su presencia y alimentamos nuestra vida con su Palabra, comenzamos a ver a las personas con los ojos de Jesús.
Y entonces, amar ya no es un peso. Se convierte en una oportunidad:
- de consolar,
- de sanar,
- de edificar relaciones sanas,
- y de conectar a otros con el amor de Jesús.
Si hoy estás sintiendo que amar a otros te está costando más de lo normal, tal vez no sea por falta de amor sino por falta de conexión con Dios. Porque cuando estamos llenos de Dios, podemos dar lo que, por nosotros mismos, no podríamos.
Al final amar a las personas no se trata de que te amen a ti , sino que amen a Jesús.
“Con gusto me desgastaré por ustedes y también gastaré todo lo que tengo, aunque parece que cuanto más los amo, menos me aman ustedes a mí.” 2 Corintios 12:15 NTV




Wow totalmente cierto!! Nuestra compromiso es estar conectados a la fuente de vida, la fuente de amor…!!
conectados con Dios, aprendemos a amar genuinamente, me encanta esta parte.
y a veces solo vemos lo difícil que es amar a otros , pero no vemos lo difíciles q a veces somos nosotros de amar, he aprendido a cuando alguien hace algo q me molesta, por ejemplo es imprudente en el carro o en la moto, lo que hago es bendecirlo y decir l@ amo en christo 🧘🏻♀️🤣❤️.
Quien no ama, no conoce a Dios, porque el amor es la manifestación más clara de su presencia en nuestras vidas.