¿Eres un AM o un FM?

por | Ene 30, 2026 | 0 Comentarios

¿Te gusta la radio? ¿Eres de los que acostumbra —o se acostumbraba— a escucharla? Tal vez tenías una preferencia: AM o FM. La FM, frecuencia modulada, ofrece mejor calidad de sonido, más claridad, aunque no tanto alcance. La AM, modulación de amplitud, llega más lejos, pero su señal es débil y llena de ruido.

¿Sabías que también hay cristianos  AM y cristianos FM? Por eso la pregunta correcta no es técnica, sino espiritual: Señor, ¿Qué quieres que seamos, AM o FM? En el Reino de Dios, un FM es un facilitador de milagros; un AM es un atascador de milagros. Hay creyentes de largo alcance, visibles, activos, pero con baja calidad espiritual: mucho ruido y poca transformación.

Jesús lo ilustra en la historia del hijo pródigo (Lucas 15:17–19). El hijo menor cae, pero cuando vuelve en sí, corre a la casa del Padre y recupera su vida. El facilitador de milagros se equivoca, reconoce y cambia. El AM, en cambio, no se siente digno, pero tampoco logra volver al cien cuando cae; permanece igual y termina siendo un bloqueador de lo que Dios quiere hacer.

En esta historia hay otro hombre, precisamente, el hermano mayor (Lucas 15:26–32). Él representa al cristiano AM: camina con Dios, pero está amargado. A veces servimos, obedecemos, pero con un corazón endurecido. El que sirve amargado se molesta cuando Dios bendice al de al lado y repite en su interior: “¿Por qué a mí no y a este sí?”. El que vive amargado nunca puede ser feliz. Cuando andamos en AM, el ruido exterior no nos deja escuchar la voz de Dios. Por eso, mi mirada debe estar puesta en Jesús, no en el de al lado.

También están los jornaleros y los sirvientes (Lucas 15:17–19). Ellos vivían cerca del Padre y se convirtieron en FM, facilitadores de milagros. El que está al lado de Dios vive en abundancia: le abunda la vida, la paz, la familia, y hace lo que el Padre le manda. Cuando Dios hace cosas extraordinarias (Lucas 15:22–24), celebran. Los facilitadores corren a bendecir a otros. Lucas 15:26–27 muestra que celebraron junto con sus amos: celebramos lo que Dios hace en otros.

Cuando alguien se conecta con Dios, vuelve a la vida, como el hijo pródigo al regresar a la casa del Padre. Los jornaleros se comportaron como hijos. Y Gálatas 4:3–7 nos recuerda que los esclavos podían ser adoptados y hacerse familia. Los que son hijos se convierten en facilitadores de milagros, los que son hijos son transformados y restaurados, porque para los corazones “enfermos” existe siempre un Dios Sanador.

Por eso, es necesario volver a la casa del Padre, dejar de escuchar el ruido que nos rodea, fijarnos en Cristo, vivir como hijos y decidir ser Facilitadores de Milagros.

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Escrito por Isabel Bonilla
Soy ministra de alabanza de la iglesia Casa Abierta. Adoradora de tiempo completo. Estudiante de Licenciatura en Literatura de la Universidad del Valle. Amante de la escritura y las diferentes formas de habitar en lenguaje.
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