Hace unos años visitamos a un pastor y amigo. Íbamos a la reunión de iglesia que funcionaba en su casa, por lo cual me fui vestida para la ocasión. Al llegar —¡sorpresa!— no había reunión, y él iba saliendo a una reunión familiar (Célula) en un barrio cercano. Nos comentó que podíamos ir caminando, pues no había acceso en carro. El camino era muy irregular, de pura arena y piedras, al lado del basurero (vertedero).
Yo solo pensaba dentro de mí: «Mis hermosos zapatos nuevos…», que eran de terciopelo, de una marca brasilera muy reconocida. En cuanto tuve oportunidad, se lo hice saber a David, tratando de persuadirlo de no ir. Pero igual lo acompañamos al lugar.
Fue un tiempo hermoso, y conocimos a gente muy cálida. De regreso, la hermana que dirigió la reunión se vino caminando a mi lado y me dijo que amaba salir a predicar e invitar a las reuniones, pero que ya sus zapatos estaban rotos. Me mostró que, debajo, tenían un agujero y les tenía un cartón. Me dijo: «Son los únicos que tengo…»
Para mí, eso fue una bofetada, y sentí cómo Dios me enseñaba realmente que ofrecer lo mejor es darnos a nosotros mismos. Es sacrificar nuestra comodidad, lo que atesoramos en el corazón. Ofrecer lo mejor es la calidad de lo que das; es más que una cantidad. Está ligado a la capacidad de lo que podemos ofrecer…
2 Corintios 8:2-4 (NTV)
Estas iglesias están siendo probadas con muchas aflicciones y además son muy pobres; pero a la vez rebosan de abundante alegría, la cual se desbordó en gran generosidad. Pues puedo dar fe de que dieron no solo lo que podían, sino aún mucho más. Y lo hicieron por voluntad propia. Nos suplicaron una y otra vez tener el privilegio de participar en la ofrenda para los creyentes de Jerusalén.
Esta historia no finaliza allí. Fue el comienzo de grandes experiencias que a ellos los llevaron a afirmar que nosotros fuimos la respuesta de Dios a sus oraciones. Pero, sin ellos saberlo, cambiaron mi perspectiva de tal forma que visitamos esa comunidad constantemente. Me llevaron a disfrutar, a olvidarme de mí y a cuidar de otros, sabiendo que esto produce alabanza y acciones de gracias a Dios.
2 Corintios 9:12-13 (NTV)
Entonces dos cosas buenas resultarán del ministerio de dar: serán satisfechas las necesidades de los creyentes de Jerusalén y ellos expresarán con alegría su agradecimiento a Dios. Como resultado del ministerio de ustedes, ellos darán la gloria a Dios.
¿Qué tanta capacidad tienes de ponerte en los zapatos de otro?





Wow !!! Necesitamos ponernos en los zapatos de otros
cuando criticamos no sabemos cómo van sus zapatos,dar y compartir