Recuerdo que hace un tiempo viajamos con un grupo de amigos a Bogotá para realizar una capacitación acerca de las nuevas generaciones. Durante uno de los trayectos de vuelo, cuando íbamos a abordar el avión, nos retuvieron en la entrada. Por un momento nos asustamos y pensamos “¿ahora que pasaría?“. Después de un momento, nos dijeron que nuestras sillas serían cambiadas y nos entregaron nuevos pasabordos con nuevos números de asientos.
Para sorpresa nuestra, al ingresar al avión, nos dimos cuenta que nuestras nuevas sillas estaban ubicadas en primera clase. Si que disfrutamos el viaje!!! Hasta dijimos: “nos merecemos estos lugares, de ahora en adelante viajaremos en primera clase” jajaja 😉.
Y es que, ¿a quién no le gusta la exclusividad y los privilegios? Amamos estar en los palcos y ser VIP, porque en nuestra humanidad queremos todo aquello que resulta único y especial. Tan así, que hacemos inversiones y grandes esfuerzos económicos para estar en primera clase durante un vuelo, en zona VIP durante un concierto, en sala preferencial en cine.
¿Cuantos somos exclusivos con nuestra comida, amistades, lugares que visitamos?. Pero la verdadera exclusividad no se trata de un lugar o una posición.
1 Pedro 2:9 NTV “Pero ustedes no son así porque son un pueblo elegido. Son sacerdotes del Rey, una nación santa, posesión exclusiva de Dios. Por eso pueden mostrar a otros la bondad de Dios, pues él los ha llamado a salir de la oscuridad y entrar en su luz maravillosa.”
Ser exclusivo, en términos coloquiales, es estar reservado para algo o alguien en particular o para un uso especial. Es ser selectivo con lo que queremos y elegimos. Se trata de buscar solo los privilegios a cualquier costo.
En términos espirituales, se trata de tener una devoción total a Dios; significa estar reservado para Él y vivir de acuerdo a un propósito especial. Así que, si buscamos vivir experiencias exclusivas, necesitamos disciplina. La disciplina en nuestra vida espiritual nos permite acercarnos a esa exclusividad divina. Nos lleva a buscar estar en la primera clase de intimidad con Dios, nos hace VIP de sus bendiciones.
Vivir exclusivamente para Dios nos brinda una vida más rica y significativa que viajes en primera clase, que asientos VIP en cualquier lugar.





Que buena lectura! Algunos nacimos siendo vip 😂
Si somos !!
Somos VIP
Jajaj
super buen mensaje