Una vida disciplinada es una vida que sirve, y una vida que sirve es una vida útil.
La mayoría de las crisis existenciales en la actualidad están derivadas de la falta de propósito en la vida. Saber para qué somos útiles trae dirección, motivación y sentido a la vida.
Pasamos la vida tratando de buscarle sentido, tratando de cumplir expectativas, haciendo lo que otros hacen para poder sentirnos útiles y plenos. Sin embargo, eso no nos llena ni trae satisfacción. Por eso, descubrir nuestros dones, talentos y habilidades es esencial para darle propósito a nuestra vida; pero lo es aún más poner esas capacidades al servicio de Dios y de los demás.
Por más que intentemos vivir independientemente de otros, la vida no se vive en soledad: la vida se vive en comunidad. No hay otro elemento que evidencie más el amor y la comunión que el servicio a Dios y a los demás. El servicio es una forma de expresar el amor de Dios a través de acciones concretas, y es una disciplina que nos ayuda a crecer en humildad y generosidad. El servicio es una expresión tangible de nuestra fe. Cuando servimos, no sólo nos sentimos útiles, sino que encontramos una motivación para hacer las cosas, un propósito de vida, y aprendemos a relacionarnos con otros. El servicio es terapéutico: produce sanidad, restauración, genera compromiso y despierta pasión. Dejamos de enfocarnos solo en nuestras situaciones y empezamos a pensar en las necesidades de los demás.
Siempre habrá excusas para no servir: no tengo tiempo, no tengo dinero, no tengo ganas, no tengo capacidades…. Pero, cuando empezamos a disciplinar nuestra vida a través del servicio, las excusas desaparecen y se convierten en oportunidades para crecer integralmente; para desarrollar y potencializar lo que tenemos.
1 Pedro 4:10 “Dios, de su gran variedad de dones espirituales, les ha dado un don a cada uno de ustedes. Úsalos bien para servirse los unos a los otros”.
Cada uno de nosotros está diseñado para servir; solo que necesitamos establecerlo como un hábito en nuestra vida. La vida acelerada nos ha llevado a olvidar que cada capacidad o habilidad que tenemos no es para beneficio propio, sino para ser útiles a otros.
Una vida disciplinada en el servicio es una vida con pasión, con compromiso, con chispa, con motivación cada día para algo más que solo vivir.
Está semana busquemos oportunidades para servir a los demás, ya sea en la iglesia, en la comunidad y, sobre todo, en nuestra familia. Al poner nuestros dones y talentos al servicio de otros, no solo impactamos vidas, sino que también experimentamos la alegría y el propósito que provienen de vivir útilmente para algo más grande que uno mismo.
!!!Seamos siempre útiles y nunca inútiles!!!





Útiles al 100